A veces no sabemos cuándo empezamos a tensarnos y la tensión acumulada cuerpo se va instalando poco a poco.
El cuerpo va sosteniendo pequeñas cargas —una preocupación, una prisa, una emoción contenida—
y así empieza la tensión acumulada cuerpo, casi sin que nos demos cuenta.
Con el tiempo, esa tensión acumulada en el cuerpo empieza a mostrarse de formas sutiles:
cansancio persistente, rigidez, dificultad para relajarse incluso cuando todo parece estar en calma.
No se trata de falta de descanso.
Tampoco significa que estemos “haciendo algo mal”.
Este texto no busca explicar ni ofrecer soluciones rápidas.
Este texto no es una explicación ni una solución rápida.
Es solo una pausa para observar cómo el cuerpo guarda tensión…
y qué puede ayudarnos a empezar a soltarla, poco a poco.
Señales silenciosas de tensión acumulada cuerpo
La tensión acumulada en el cuerpo no siempre se manifiesta como dolor claro o rigidez evidente.
Muchas veces aparece de forma discreta, casi imperceptible, integrada en la rutina diaria.
Algunas señales frecuentes son:
- Hombros que permanecen elevados sin darnos cuenta
- Mandíbula apretada, incluso en momentos de reposo
- Respiración superficial, como si el aire no terminara de llegar
- Sensación de cansancio que no desaparece al descansar
- Dificultad para soltar el cuerpo al sentarse o tumbarse
No son señales de alarma.
Son formas en las que el cuerpo comunica que ha estado sosteniendo más de lo necesario.
La mayoría de las veces no reaccionamos a ellas porque nos hemos acostumbrado.
La tensión se vuelve el estado normal, y solo la notamos cuando por fin desaparece.
Desde una perspectiva médica, el estrés y la tensión corporal sostenida están relacionados con múltiples respuestas físicas del organismo, como explican algunos recursos divulgativos en salud.
👉 recursos divulgativos en salud

Por qué no basta con “relajarse”
Cuando notamos tensión en el cuerpo, el consejo más habitual suele ser el mismo:
“relájate”, “descansa”, “desconecta un poco”.
Pero la tensión acumulada en el cuerpo no siempre se libera con una orden directa.
El cuerpo no funciona como un interruptor que se apaga cuando decidimos hacerlo.
Muchas veces, esa tensión se ha ido formando poco a poco:
por mantener la atención durante demasiado tiempo,
por adaptarnos a situaciones exigentes,
o por contener emociones que no encontraban espacio para expresarse.
Por eso, intentar “relajarse” puede incluso generar más presión.
Como si hubiera que hacerlo bien.
Como si no soltar fuera otro fallo más.
En lugar de forzar la relajación, suele ser más útil escuchar primero.
Reconocer cómo está el cuerpo en este momento, sin cambiar nada todavía.
La tensión empieza a aflojar cuando deja de tener que sostenerse sola.
Cuando la tensión acumulada cuerpo se mantiene durante mucho tiempo, el cuerpo aprende a vivir en un estado de alerta constante.
Una micro-práctica para empezar a soltar tensión
No hace falta hacer nada especial ni dedicar mucho tiempo.
Esta es solo una invitación breve para tomar contacto con el cuerpo.
Si te apetece, prueba lo siguiente:
- Detente un momento y observa cómo estás sentado o de pie ahora mismo.
Sin corregir la postura. - Lleva la atención a una zona concreta: los hombros, la mandíbula o el abdomen.
- Pregúntate, sin buscar respuesta mental:
¿Aquí hay tensión acumulada en el cuerpo ahora mismo? - Al exhalar, deja que esa zona se ablande solo un poco.
No más.
No intentes relajarte del todo.
No es necesario llegar a ningún sitio.
En muchos casos, permitir que el cuerpo sea como es en este instante
ya es una forma de empezar a soltar.
La tensión acumulada cuerpo no siempre desaparece de inmediato.
A veces solo necesita ser reconocida para empezar a aflojar.
No hace falta entenderla del todo.
Ni corregirla.
Ni hacer nada más.
Si hoy te apetece acompañar este momento con algo sencillo,
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